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Bailar tango: Un río-arrebol de almas, tierra y palabras, todas ellas, serpentinas danzantes

Por Marina Julieta Amestoy

“En el interior de esta alma nocturna,

revelada al cielo por el color de la luna

que recibe los prodigiosos peces

se enamoran de una danza termal 

eterna propagación de cristales internos,

y antes del alba se consumará para

lo eterno, todo ese brillo y toda esa calma”


Guitarra Negra, Luis Alberto Spinetta, 2012

 


"Dos personas, autónomas y juntas, trabajan en acciones distintas para sincronizarse y sintonizarse, para generar UNÍSONO, sensación de complementariedad y totalidad", dice Andrea Uchitel. Sabemos, desde el principio y sin saber bien de qué se trata, que para “Bailar tango” se necesitan dos. No hay matemática que desafiar a este respecto, es una cifra exacta que marca, regla y sentencia. No existe modo (ni hay por qué) de escapar a ese ser-juntos en la acción, ni aun con el pensamiento que está directamente ligado a ella.


El tango se hace pensando-actuando. Y de este fuego de mundo provocado por su cadencia de plaza y pavimento se enciende, cual in-disociable binomio de calle-umbral, de verano y esquina, de voces de niños jugando, patio y de todos estos (a la vez) se escribe la génesis de su danzar.


¿Pero qué es bailar tango? ¿De qué trata esta danza nacida argentina, porteña y de arrabal? Preguntada en su esencia, desde cualquier ángulo que uno se pare a ver(la) para pensar(la), analizar(la) y, por supuesto, bailarla. Al respecto, la autora del libro Bailar tango, mecánicas del abrazo nos lleva del hombro-mano, codo-espalda y sobre todo ante-brazo, “sin prisa pero con pausa” a dar unas “vueltas por el universo” de sus calles y arterias internas, logrando que el (nuestro) cuerpo se vaya dejando descubrir y habitar por la experiencia de su a-brazo.


Nos sentimos abrazados dentro del abrazo. ¿Cuándo? Al decirnos que bailamos también escuchando. ¿Cómo? Al entender que este es un espacio que nos incluye. Estamos a-dentro, y eso nos vuelve fuertes. Confiados, ya, en esa reciprocidad al bailar que incluirá: la cabeza como parte principal del movimiento general, un eje como “arquitectura dinámica ascendente”, la mirada y hasta las a-simetrías de uno y otro, en cuanto a estilos diferentes al momento de su ejecución.


No vulnerables, mucho menos débiles. Con la insigne sensación de un yo-puedo que nos atraviesa y nos hace querer bailabrazar, porque sentimos poder hacerlo. Andrea se detiene y nos detenemos con ella, nos muestra con gráficos (dibujos), que asemejan bellas pinturas rupestres, la espacialidad del tiempo y de la música, del vos-nosotros-todos en la pista casi-mundo y es tan precisa al señalar con palabras lo que quiere que entendamos, que no existe opción de ver otra cosa que la que así quiere que sea.


Avanzar en sus hojas es sentir cada parte del cuerpo despertar para despertar a otra y esa otra a una nueva para volvernos un orgánico con-junto, atendiendo-se a cada detalle. Para quienes nada, o poco, sabíamos de estas “mecánicas”, es un viaje iniciático con perfume a primavera, que se viene con topografía y mapas, para poder “tocar, contactar, comunicar” desde (todo) lo que somos: cara, cabellos, cadera, piernas y talones como nuca.


Esta aventura, de y por el tango, culmina exitosa, una vez llegados a las últimas estaciones del libro, los capítulos “Recorridos de mi bailar” y “Glosario de palabras confusas”. Reconociéndonos adentra-dos en sus páginas de-a-una, habiéndole sacado lustre a una huella “hacia el norte navegando bordes”, que se fue llenando con pasos y preguntas. Nos supimos dentro en movimiento siempre, jamás solos (Andrea, ¿estás ahí?). Es raro pensarse acompañado leyendo, pero acá la lectura resulta desde el primer acorde/párrafo, de esta manera. Agradecemos el que no nos suelten hasta la última palabra con la que cierra su epílogo.


Ahora sabemos (¿o sabíamos ya?) que bailar tango puede ser, también, escribir un poema con los pies. Volar con la espalda, sin brazos, con abrazos. O labrar (un) presente con instantes bordados de luz-luces y sombras (cientos y todas).


Un amor "dragónico". Telegrama urgente que nos lleva, y sigue, hasta el centro-corazón de un pentagrama de orquesta donde sea que este-esté. Una cinta jadeante hecha con mar de fanal(es). Un sueño alquímico y una curva de pétalo dibujada con lava. “Bailar tango” es salirse del mundo por una pausa (no) muy breve para volver siendo otro y, en realidad, uno mismo.



Ficha técnica: Bailar tango. Mecánicas del abrazo

  • Autora: Andrea Uchitel

  • Editorial: 2DA en Papel Editora

  • Nº de páginas: 320

  • Idioma: Castellano

  • Encuadernación: Tapa blanda

  • ISBN: 9789878633060

  • Año de edición: 2020

  • Plaza de edición: Buenos Aires, Argentina.


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