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Levantando la casa de Argüello

Por Abril Fernández


El documental La casa de Argüello es la historia de una familia. Y de una chica. También es la historia de una herida que cruza varias generaciones y que ella se encarga de cicatrizar, sin saber bien cómo se hace tal cosa y sin entender del todo si va a funcionar. Bueno, tampoco es una historia porque son varias; se trata más bien de su narración.


Argüello es un barrio alejado del centro de Córdoba, construido sobre terrenos casi serranos que pertenecieron a dos familias durante muchos años. Recién a principios del siglo pasado se loteó y las viviendas empezaron a construirse, a la par del tendido del ferrocarril. La casa a la que alude el título fue dinamitada hace casi cincuenta años. Para mantener el confort de la zona norte de Córdoba, de sus apellidos e instituciones, alguien decidió desmalezar toda ebullición política.


Este documental de casi una hora y media de duración, disponible en Cine.ar, se estrenó en el cine Gaumont, en Buenos Aires, y en La Piojera, en Córdoba. Es la ópera prima de Valentina Llorens, quien también desarrolló el guión junto a Leonel D’Agostino y Alejandro Cerrillo Penovi. Hay casi veinte años de registro fílmico en esta obra. La directora, la chica que narra, Valentina, empieza filmando conversaciones que tiene con su abuela, como buscando en ella un personaje que dé forma a las cosas. El momento elegido para hacer esto no parece ser conmemorativo de nada sino más bien cotidiano. Y en estas primeras tomas desprevenidas, el destino y otros acontecimientos históricos van a ir engarzándose para terminar dando sentido a todo. ¿Por qué será que recurrimos a nuestras abuelas cuando buscamos algo que no sabemos qué es?



Ahora que lo pienso, sería medio pretencioso decir que Valentina es quien cicatriza la gran herida familiar. Ese trabajo, en todo caso, es colectivo y a la vez muy íntimo. Cada persona que va apareciendo ante nuestros ojos parece tener su propio grado de cicatrización, de curación. O de negación. A veces negamos una herida para no reconocer que alguien aprovechó la oportunidad de realizarla. A veces negamos una herida para esquivar en un gesto eterno ese poder.


Quienes colaboran con ella en su documental parecen presentir su forma final, aunque no la puedan ver realmente mientras lo va armando. Por ejemplo: hay un huequito en una puerta de una cárcel en alguna parte. Ese huequito pasa desapercibido durante muchos, muchos años. Hasta que un día se juntan determinadas personas, en determinadas condiciones, con determinadas herramientas electrónicas y emocionales. Entonces ese huequito se convierte en un túnel del tiempo, en un filtro analógico y en un testigo silencioso.


A veces, la tensión entre lo que la directora está buscando filmar y lo que esas mujeres van

decidiendo mostrar casi puede tocarse. Estas costuras finalmente quedan expuestas y pasan a ser parte de la narración. La abuela se permite llorar. La madre, muy poco: ella es la encargada de mantener la mirada en el horizonte. La hija registra, viaja, deambula, junta paisajes y documentos; empieza a darle una forma insólita a todo. La hija de Valentina crece, pregunta, hace lo suyo. ¿Por qué será que a veces las niñas parecen entenderlo todo?


La casa es una obra tan plena que aún estando hecha del material de vida de una familia en particular (o justamente por eso) es la historia de todo un siglo de personas que habitamos este país andando por ahí con las heridas abiertas o a medio cerrar. Está contada en clave femenina (y en esa clave se cuela, hacia el final, la figura de un varón) porque su lenguaje es el de la continuidad, el del porvenir, el de la conservación de la vida. Es una narración que se balancea, que oscila, que canta y baila si es necesario, porque no parece buscar un cierre definitivo. Ese pensamiento es de otro orden.


Hay mucho para procesar después de ver La casa y poder participar de eso es un regalo muy enorme y sincero que su directora, cuidadosamente, nos da.-


Fuentes: La tinta y Página 12

Ficha técnica-artística: La casa de Argüello

  • Dirección: Valentina Llorens

  • Reparto: Fátima Llorens, Frida Casares Llorens, Nelly Llorens, Valentina Llorens.

  • Guión: Alejandro Carrillo Penovi, Leonel D'Agostino y Valentina Llorens

  • Música : Matías Barberis

  • Fotografía: Santiago Melazzini

  • Montaje: Alejandro Carrillo Penovi y Nicolás Toler

  • País: Argentina

  • Año: 2020

  • Género: Documental

  • Duración: 82 minutos

  • Idioma: Español

  • Productora: Productora Atlántico, INCAA

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