El cuerpo-interrogante: lo que el FIDE nos dejó

Por Marina Julieta Amestoy


“Los cuerpos y sus representaciones, sus saberes, son característicos de una determinada sociedad, de su visión del mundo, de su definición de persona, el cuerpo es, en primera instancia una construcción socio-cultural, una construcción simbólica, no es una realidad en sí mismo. El cuerpo parece algo evidente pero nada es, finalmente, más inaprensible que él. Nunca es un dato indiscutible, sino el efecto de una construcción social y cultural”

(David Le Breton: 1995).


Bailar con palabras, sobre palabras, en palabras, desde las palabras, hasta ser cuerpo. Una nueva, y no tanto, dialéctica que juega a abrirse paso ante nuestros ojos que, azorados, tal vez, miran cómo se transforman las mismas imágenes que hace algo más de dos meses creíamos conocer y entender. Y hablamos en singular porque hoy el ser cuerpo es ser un cuerpo colectivo: la idea del cuerpo (así, “sin s”) es algo claramente problemático en estos pandémicos tiempos.


Danzamos solxs, pero no lo estamos, ¿o sí? Vaya dilema metafísico, existencial en el que estamos y nos vemos envueltos. Las preguntas y problemas empiezan a asomar de a una y no paran de aparecer. Necesitamos entender qué pasa con el movimiento, con la quietud, con la secuencia coreográfica, con la búsqueda de temas en la danza, con la interpretación de la idea del bailarín/e, del coreógrafx. ¿Qué idea de mundo tenemos ahora que vemos bailar ese cuerpo colectivo -reflejodemicuerpo- a través de la pantalla?


El Festival de Danza Emergente (FIDE) pasó en su atípica edición de mayo 2020 dejando, a su paso, una estela policromática de interrogantes acerca de la danza como arte performática, como anclaje de disputas simbólicas sobre el ser cuerpo en un mundo en crisis, y acerca del rol del arte y los agentes artísticos en la reconfiguración del territorio de la representación. ¿Qué es cuerpo y qué es territorio cuando la experiencia de habitar ambos está mediada por dispositivos y gestionada mediante plataformas?


¿Qué hay detrás de la idea de cuerpo en movimiento, pero hoy en pantalla?


Un cuerpo mediatizado, sí. Lo sabemos. Lo vemos. Lo sentimos. Lo vivenciamos en el propio y de ahí conecta derecho al colectivo. Un cuerpo que solía danzar en espacios físicos llenos de sudor, transpiración y roces. Un mundo que ahora nos es extraño. Y la danza, la danza…no es ajena en absoluto a esta suerte de extranjerización de conceptos que, necesariamente, hoy deben ser revisitados para poder ser redefinidos. La re-territorialización del cuerpo en tiempos de ASPO. En principio, el/los cuerpo/s parecen estar hacia adentro. Plegados sobre su propia espacialidad, desafiando cualquier limitante autoproxémica.


¿Y de qué se trata ese salir hacia adentro; esa exploración un tanto fatigosa, por nueva y por intensa? Todo lo nuevo se presume desafío, y el FIDE lo fue. El arte tiene mucho que decir en estos momentos (Hola arte; ¿estás ahí?). Y el arte está porque responde, proponiendo una reingeniería vital. Re-territorializado sin haber sido llamado a la opción, se ubicó en otro lugar y estamos tratando de ver de qué se trata ese espacio, cómo se accede, desde dónde, con qué y así, una a una, las preguntas se agolpan y todes nos transformamos en performers del COVID.


Lo que se vivió fue algo parecido a un nacimiento. Como forma y materia de algo que comienza a aparecer y bailar en otros formatos, y las preguntas, ay las preguntas: ¿qué hacemos con esta vieja nueva danza? ¿Cómo nos acomodamos en este mundo de nuevos elementos, situaciones e intenciones para quienes lxs crean y comparten?


El FIDE arrancó con la genial Soy tu Performer de Iván Haidar. En ella se invitaron a unas cuantas caras conocidas y talentosas del mundo de la vieja/nueva danza para que le dieran a Iván (por 10 minutos cada unx), en conexión simultanea a través de una video llamada, un guión de movimientos y acciones a realizar en un cuarto con y sin objetos, dependiendo quién estuviese a cargo de él y qué quería que hiciese. Imposible no dejarse llevar por la fuerza de las imágenes conseguidas, por la composición, la fluidez que a veces parecía emerger intuitivamente y otras estar pautada o disociada. Un entrecruzamiento de diversas energías fue el resultado, entre otros (como, por ejemplo la creación colectiva: recordemos esto del cuerpo ya no individual, en el que lxs espectadores, mediatizados también, completamos sin querer el cuadro). Y así, cinco días más en los que no faltaron obras, conversatorios, pensatorios (cuántas palabras que ya empiezan a asumirse dentro del vocabulario 2020 ¿verdad?), siempre con el cuerpo como centro.


La problematización del dispositivo, la pregunta por este cuerpo que ahora está atravesado y arrevesado, por qué no, por una situación de afectación mundial. La extrañeza y el distanciamiento, nos hacen pensar si desde este (nuevo) afuera posibilita, o no, la creación tanto en la danza como en el teatro. Porque este territorio que hoy habitamos, y no solo desde el lugar físico como espectadores, nuestra silla de PC en concreto, sino desde el propio cambio de paradigma en tanto al proscenio-cuerpo danzante-obra-tema-ejecución del bailarín/e y finalmente el aplauso, ya es un lugar del cual no se sabe si hay retorno. Y si lo hubiese, sería un retorno a un nuevo-viejo lugar. La categoría del viejo-nuevo es parte orgánica de esta reconfiguración que crecerá, seguramente, haciendo.


Mención aparte para, en verdad un montón de cosas y, sobre todo, nombres, pero a lxs gestadores del FIDE, Soledad Pérez Tranmar -Área Danza Casa Nacional del Bicentenario-, Jimena García Blaya y Valeria Martínez, que hicieron de este desafío, un desafío feliz.


Viejo cuerpo nuevo


Dijimos que se abría una pregunta y de ahí otras más. Sabemos que esta nueva dialógica se presume infinita. Necesitamos pensar qué está pasando con este “acovidado” universo de las artes. Y la danza no queda por fuera sino que, se presupone estar bien adentro, como semilla de un mundo que parece irreconocible, pero solo a priori.


Pasó el FIDE, nos queda el FIDE. Y cómo nos queda: nos quedan los videos de muchxs artistxs que se expusieron, contándonos sus obras, interpretándolas, las pusieron a andar/circular por las redes. Qué palabras tan fuertes “la red”, “las redes”; que, hoy, por momentos, parecieran ocupar más de la mitad de nuestras vidas. Instagram, Facebook, Youtube conforman parte de ese casi-todo de cuerpo y su relación con multiplicidad de sujetos y objetos que nunca terminamos de conocer en profundidad pero existen, claro, y con ellxs posibilidades nuevas que nos exceden, sobre todo a la conciencia.


Esto es algo que se puede transpolar a los #nuevosmodosdeencontrarnos a los que invita el hashtag del festival. Un festival que nos dejó sensaciones, pensamientos y vivencias a montones. Problemáticas a la altura de la complejidad del momento histórico que estamos viviendo; un universo que apenas estamos empezando a descubrir. Ya como cuerpo colectivo y mediatizado. Un viejo cuerpo nuevo que tiene mucho más para y por decir.



Ficha técnica: Soy tu performer

  • Video-performance.

  • Performer: Iván Haidar.

  • Orientadorxs: Alina Ruiz Folini, Bárbara Hang, Celia Argüello, Rena, Florencia Vecino, Juan Onofri Barbato, Julián Pacomio, Lucas Lagomarsino, Maria Kuhmichel y Pablo Castronovo.


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© 2019 por Revista Varda.

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