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Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos: la estética de una convención

Estrenada el 2 de septiembre del 2021 en salas argentinas, la película dirigida por Destin Daniel Cretton busca en sus 132 minutos el corazón de la tradición china.


Con la imagen de un emperador y su ejército, en la calma, y luego mil flechas, el film se lanza a la batalla blandiendo el poder de los diez anillos. Cierta leyenda narrada, cierto emperador nunca estable en un único trono, y cantidad de guerras libradas. Se trata de un conquistador -así lo cuenta la voz en off- con longevidad e influencia hasta tiempos actuales, hasta algún tiempo después de Avengers: Endgame (2019).


Lejos de ser una leyenda exhaustiva, la película se plantea, mediante las artes marciales y el tinte de la danza, evocar la estética china. Esto, claro está, desde lo que occidente entiende por pensamiento chino; desde una perspectiva Marvel, que dibuja a la naturaleza, y a lo antiguo, en los colores de una leyenda mágica. Los diez anillos: un poder inimaginable en manos de un emperador, Xu Wenwu (Tony Leung), que tras la muerte de quizás su única felicidad, desatiende a sus hijos: Shang-Chi (Simu Liu) y Xialing (Meng’er Zhang), generando así, escena tras escena, el común héroes/villanos dentro del MCU.



Podría agregarse, sin embargo, que si bien el film mantiene una dualidad tácita, es decir, un Yin y Yang implícitos (héroes-villanos/luz-oscuridad), esta radica -más- en una convención de género que poco actualiza (las artes marciales, por lo tanto China, por lo tanto “pensamiento chino”), que en una verdad fundamentada. François Cheng en su libro La Escritura Poética China, refiriéndose a un extracto que sintetiza la cosmología china, explica: “Según el punto de vista taoísta, el Tres representa la combinación de los Alientos Vitales, Yin y Yang, y del Vacío mediano (…) El vacío sume a los dos Alientos Vitales en el proceso dinámico de devenir recíproco, y los orienta; sin él, Yin y Yang permanecerían estáticos y amorfos.” Y concluye: “El pensamiento chino no es, entonces, dualista sino ternario: en cualquier par antitético o complementario, el Vacío mediano constituye el tercer término” (2016, p.35-36).


Si bien Cheng ordena aquí sus palabras en torno a la poesía y no al cine, la cuestión sobre el tercer término, es decir, aquello entre el Yin y Yang (para la película: héroes/villanos) puede aplicarse, puesto que el propio film se propone, aunque de manera implícita, emular un modo de pensar. El tercer término, podría considerarse entonces, eso que aparece entre la luz y la oscuridad, como la familia disfuncional que oscila a lo largo de la película. Aquella que, sin una presencia del todo clara, empuja constantemente el relato. Tanto una estructura motivación-sujeto-meta, como la implementación de una estética, un pensamiento, una cosmología y, sin embargo, ambas resultan débiles. Tragadas por la leyenda de cierta bestia oscura, garantizada por los siempre grandiosos efectos especiales, y consumidas -también- por la propia convención de China que repiten, el film parece insistir en el dualismo de dos fuerzas y pierde de vista el Vacío mediano, pierde de vista aquello que los une y da vida a las particularidades, y se deja tragar por una bestia de tiempos remotos.



Más allá de una cuestión de estilo donde se sabe que Marvel incluye dosis de humor, esta vez de la mano de Katy (Awkwafina) y Trevor Slattery (Ben Kingsley), la película oscila entre familia-leyenda y parece quedarse a mitad de camino para alzar, sin embargo, una historia de origen. Donde por momentos deja a un costado floreado los santuarios y la naturaleza, con los combates tan suaves como una danza, para adentrarse en los destrozos de la ciudad de San Francisco y combates ilegales en la copa de un edificio en China. Si en Black Widow (2021) el villano detrás de todo era Rusia, aquí, luz y oscuridad conviven en China, pero remarcando que Estados Unidos solo es luz: “¿América te volvió sensible?” le recuerda a Xialing a su hermano, Shang-Chi, tras apresurarse en ejecutar a un enemigo.


A fin de cuentas, podría considerarse a Shang-Chi: la leyenda de los diez anillos como una película más mística que de superhéroes, más de un origen (individual) que un retrato de las relaciones familiares, más del género de una estética a todo color y música que de una cosmología aplicada. Se trata, a fin de cuentas, de una película de Marvel que plantea un futuro para la nueva generación tras los eventos de Avengers: Endgame.



Ficha técnica-artística: Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos

  • Dirección: Destin Daniel Cretton

  • Reparto: Simu Liu, Awkwafina, Meng’er Zhang, Fala Chen, Florian Munteanu, Benedict Wong, Yuen Wah, Ronny Chieng, Zach Cherry, Dallas Liu, con Michelle Yeoh, y Tony Leung

  • Guión: Dave Callaham, Destin Daniel Cretton, Andrew Lanham

  • Basada en: Shang-Chi de Steve Englehart y Jim Starlin

  • Fotografía: Bill Pope

  • Montaje: Nat Sanders

  • País: Estados Unidos

  • Año: 2021

  • Género: Acción-Aventura

  • Duración: 132 minutos

  • Idioma: Inglés

  • Producción: Kevin Feige, Jonathan Schwartz, Louis D’Esposito, Victoria Alonso, Charles Newirth

  • Productora: Marvel Studios

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